Hoy, el Ecuador despide a una de sus figuras más emblemáticas: Baltazar Ushca, el último hielero del Chimborazo, quien ha dejado de existir. Su partida no solo marca el fin de una vida, sino también el cierre de un capítulo histórico, un oficio que sobrevivió siglos pero que hoy se apaga con él.

Baltazar, a lo largo de más de 70 años, subió incansablemente las imponentes laderas del volcán Chimborazo, llevando a cuestas no solo bloques de hielo natural, sino la tradición de sus ancestros y el profundo respeto por la naturaleza. Con herramientas simples y la fuerza de sus manos, extrajo hielo de los glaciares del volcán, un oficio que en el pasado fue realizado por muchos, pero que en las últimas décadas quedó en sus solitarias manos.

Un Ícono de Tradición y Resiliencia

Baltazar no solo fue un trabajador del hielo; fue un guardián de una historia que ahora se siente más lejana. Sus caminatas hacia la cima del Chimborazo y su descenso con bloques de hielo en los lomos de sus burros simbolizaban una conexión entre la naturaleza y las comunidades locales que, hasta no hace mucho, dependían de ese hielo para la conservación de alimentos y la preparación de bebidas tradicionales.

Hoy, mientras la modernidad avanza, nos detenemos a recordar a un hombre que resistió el cambio, que mantuvo vivo un oficio que sus hermanos dejaron hace años debido a la vejez y las duras condiciones. Baltazar fue el último de su linaje, el último en escuchar el crujir del hielo bajo sus herramientas, el último en observar cómo el sol naciente ilumina los glaciares del Chimborazo.

Su legado perdura

Aunque su cuerpo ya no camine más esas laderas, el legado de Baltazar no se pierde. Su historia ha sido contada en documentales, libros y reportajes que lo presentaron al mundo como un símbolo de resiliencia y apego a la tradición. El frío de los glaciares del Chimborazo ya no volverá a sentir sus pasos, pero el eco de su lucha por mantener viva una costumbre ancestral resonará por siempre en los corazones de quienes lo conocieron y en aquellos que escucharon su historia.

Su partida deja un vacío profundo en la cultura ecuatoriana, pero también nos deja una lección: el valor de las costumbres, el respeto por la naturaleza, y la fortaleza de un hombre que, sin importar la modernización o los avances tecnológicos, eligió seguir con su labor hasta el último día de su vida.

Hasta siempre, Baltazar

Hoy, el Chimborazo pierde a su fiel guardián, y el Ecuador despide a uno de sus últimos héroes culturales. Descansa en paz, Baltazar Ushca, el último hielero. Tu historia y tu legado vivirán para siempre en las montañas, en los corazones de tu gente y en la memoria de todos aquellos que reconocen la grandeza de tu vida y tu trabajo.

Baltazar nos deja físicamente, pero su espíritu seguirá ascendiendo esas cumbres, allí donde el hielo y la historia se entrelazan para siempre.